Madrigal de la Vera – mi primer puerto hasta El Raso

A 188km de Madrid

Todos los findes intentaba convencer a mi amigo de ir a la pedriza en bici, no había manera. Me invitó a unas piscinas naturales en Cáceres, está a 2h en coche lo que hacía imposible ir y volver en bici sin morir por el camino.

Eché un vistazo a un camping y le propuse que quedáramos el finde. Fuimos en el bólido y llevamos las bicis, of course. Sé que no es relevante, que os da igual, pero tengo que decirlo: monté la baca yo solita. Estoy muy orgullosa, si nunca habéis montado una, en cuanto lo intenteis me vais a entender.

baca_camping

Llegamos por la noche, montamos la tienda y fuimos al pueblo a cenar y tomar algo. Madrigal de la Vera, en Cáceres, Extremadura, tiene dos calles, menos de 2 mil habitantes y una gente muy simpática. En los bares nos servía lo que había: “hay callos y magro de cerdo” y punto. “Uno de cada, por favor”. Estaba riquísimo.

Nos han indicado un bar, en la orilla del río, todo de piedra que se llamaba El Molino. Precioso. No había nadie más que la dueña y el camarero. Y de donde sois, y qué hacéis, y la bici qué y si somos novios o hermanos un bombardeo de preguntas que hacen más gracia que molestan. Nos dicen que hay una fiesta en un pueblo a 5km. ¿Fiesta? La fiesta la quería en mis sueños, tapada con el saco de dormir hasta las orejas.

Era la 1 de la mañana, había dormido poco de jueves a viernes; viernes tocó UCI de las marcas, como siempre; fui a entrenar, 1h 30min en la bici estática; de ahí corriendo a casa para arreglar todo el tinglado del camping; poner la baca con las bicis, conducir dos horas… ¿ir a una fiesta? ¿Pedaleando?

Bueno, lleno el pulmón de coraje, quito el polvo del chaleco reflectante y nos metemos en la carretera. No se veía una pt mierda. Las linternas que llevábamos alumbraban un palmo, justito para ver la línea de la carretera. La luna estaba preciosa, el cielo impresionante y hacía fresco! 🙂 Ha sido un momento de felicidad absoluta – en plano.

Hasta que pasamos la entrada y nos tocó subir por un puerto. Un puerto. Eso, de plato 1, marcha 1, ¿os he dicho verdad? Amenacé bajar de la bici, dar media vuelta, maldecir la familia de mi amigo… nada, venga pedalea, pedalea, pedalea… una curva y tienes la esperanza de que hay una bajada ahí. No. Sigue subiendo. Se iba haciendo tarde, seguro que la fiesta ya había terminado, empezaron a bajar más coches, pero nosotros seguíamos subiendo. Escuchamos las campanas de las vacas, olía a tierra, olía a caca, olía a fresco y a cada 100 metros olía a otra cosa.

Vimos luces, finalmente! Y un poco después escuchamos música, todavía había concierto en el pueblo. Tchetcherererê-tchê-tchê en la España profunda. El Raso, en la provincia de Ávila: un pueblo de 50 habitantes que llega a 200 en fiestas.

concierto_

Tomamos una cerveza, conocimos a un hombre que nos hizo las mismas preguntas que la dueña del bar anterior, nos indicó piscinas naturales y cascadas… y lo más interesante: nos dijo que nos habíamos pasado muchísimo – bufff, uffff – y que para volver deberíamos hacer el camino corto de 4,5km. Bien, bien.

Bajarlo ha sido INCREÍBLE. En 5 minutos estábamos de vuelta al camping. Mi agotamiento era tal que pensando en los peregrinos y en su olor corporal, me acosté sin ducharme. Los que me conocen saben lo grave que es eso.

Dale una vuelta a tu destino:

Camping La Mata – No se podía reservar con menos de 5 días de antelación, llegamos tarde y para mi sorpresa no había plazas. 😮

Camping Alardos – no encontré la web oficial, pero está al lado del Camping La Mata y también muy cerquita de La Garganta de Alardos. Nosotros nos quedamos aquí. La parcela era grande, bajo árboles, lo que nos ha dejado dormir hasta las 9. El baño está limpio, la cafetería está bien y fuimos muy bien recibidos.

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