VOLAR CON RYANAIR

Volar con Ryanair es un vicio, como he leído por ahí, la diferencia de precio es realmente importante y lo hice varias veces. Ya sabes todas las reglas del juego: 1 solo bulto que entre en un cacharro diminuto, 10kg, con el bolso y todo, que no se te ocurra cambiar fecha – ni pagando la diferencia, te lo hacen imposible y punto. Dicho eso, he tirado 3 o 4 vuelos, lo que me da mucha pena, pero una vez en la puerta de embarque nunca me han puesto ni una pega porque sabiendo como son, no se me ocurre cargar ni una bolsita de chuches en la mano.
Yo tenía la vuelta con ellos. Pagué la mochila para despacharla y empezó la aventura:
nos sacaron a la pista a 40ºC. Estuvimos de 40min a 1 hora en el sol. Penitencia veraniega. Nos metieron en el pasillo de vuelta al aeropuerto por 15 minutos más. Los mayores ya estaban casi llorando. Finalmente abrieron la puerta, volvimos dentro del aeropuerto sin ninguna noticia de cuando saldríamos. Están revisando el avión. Aján.
Un par de horas después la gente ya se estaba acomodando en el suelo. Y otro par más de horas nos vuelven a sacar al avión. Nos metemos todos, damos una larga vuelta por el aeropuerto y cuando estamos a punto de despegar el diluvio del día se hace presente. Aeropuerto cerrado temporalmente. Esperamos 30 minutos hasta que nos han anunciado que ya teníamos permiso de volar. Peroooooo, estos 30 minutos habían consumido gasolina suficiente para que no pudiéramos despegar. Uno de los pasajeros explicó que Ryanair vuela con lo justo de gasolina y su teoría fue confirmada poco después con los aterrizajes de emergencia que salieron en todas las noticias.
En lugar de bajarnos del avión, nos retuvieron, sentados en nuestras respectivas sillas, 3 horas! Más de lo que duraría todo el vuelo. Finalmente han decidido bajarnos sin darnos información de cuando volaríamos.
Han regalado 1500 florines (menos de 6€) para comer a los pasajeros que se dieron cuenta de que lo estaban haciendo. Pedí un bollo y un café y tuve que completarlo.
12 horas después volvimos a subir en el avión sin demasiadas esperanzas, pero de esta vez sí.

Se supone que llegaría el domingo por la tarde, aterricé el lunes por la mañana en Madrid. Y ya sabéis, cuando Murfy decide ir a por mí, él no se queda a medias, va hasta el final. La luz se había cortado en mi casa y todo lo que había dentro de la nevera se fue al carajo. Solo quedaba pateé de gato. ¿Quieres un poquito?

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