Murfy me acompañó a Berlín

Un día hice checkout, si no llegara mi amigo me iría sola a otro lado. Ya me había hecho amiga de una alemana que huía de su nuera en el albergue, ya sabía como se llamaban sus hijos y sus gatos…

Ya no tenía muchas ganas de museo, había despertado un poco al revés y pensé “desenreversarme” en el césped de la orilla de Main. Me quedé dormida leyendo ahí, cuando desperté tenia un montón de jóvenes sentados justo al lado charlando.

Me levanté desconcertada, sol, día bonito y una máquina de granizado rojo muy apetecible. ¿Compro el granizado? No, ¿para qué? si esto es polvo con hielo con un montón de colorante, doy dos pasos más, ¿qué más me da? Me merezco uno! Me pongo a la cola que avanzaba con mucha lentitud a pesar del agobio de los camareros. Finalmente me toca. 2€.

Doy 3 sorbitos y empieza un viento de Oz, seguido de una lluvia Amazónica. Para que tengáis una idea del tamaño de la gota, juntar el indicador al pulgar, el diámetro que marca eran cada una de las gotas. Todo el mundo corriendo y como si no bastara los de arriba quisieron rellenar mi granizado con granizo! Me niego! Me abrigué bajo un edificio, hasta que cambiasen de idea. Esto es: me granizó en pleno verano!

Bueno, volví al hotel recogí las maletas y pillé el tranvía hacia la estación central de trenes. Bueno, eso creía. Cuando el camino empezó a quedarse verde, pregunté a un chaval que me dijo, estamos por aquí y apunta un área verde justo en dirección contraría adonde iba yo. Ops! No os fiéis del principio y final de la palabra en Alemania, casi todo termina igual y los principios, muchas veces, también son parecidos.

Paso de contaros como mi amigo me esperaba en un Burger King y yo en otro #enlamismaputaestación. El caso es que finalmente nos encontramos y no pude directamente cortarle la cabeza porque venía con una alemana que nos iba a ayudar a llamar a un conductor que partía a Berlín a las 7 de la tarde.

Cuando teníamos todo arreglado y mientras esperábamos al tío, nos llovió. A las 7 y 3 minutos, le miré con: ¿va a venir? Va a venir, esto es Alemania. 7 y 10 voy a llamar. Sí va a venir, está buscando la estación.Hum.

Llega el señor, pintas versión alemana de Breaking Bad, con una sudadera naranja del mismo color que su furgoneta vieja, completamente calvo, con un gorro de paja bajo la lluvia fina. Le pregunto si habla inglés: Deutschland doitsche! Que inglés en Inglaterra y enfadado pregunta si nos íbamos o no. Sí, sí.

Nos metimos en la furgo un poco asustados, nos cagamos un poco en él y ya el resto del camino me dediqué a echar la bronca a mi amigo y él a disculparse y explicarlo (y no os voy a contar la razón, porque os llegáis a enterar y vais a querer ayudarme a arrancarle la cabeza).

6 horas de viaje. La lluvia, os lo juro, no cesó ni un solo minuto y cuando estábamos buscando el mapa del metro de Berlín dice “Señor, encender la luz” en castellano.

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Dale una vuelta a tu destino:
Mitfahrgelegenheit – después de esta es difícil que me creáis, pero el servicio de compartir coche es muy utilizado en Alemania y mucho más barato que el tren, por ejemplo.
Frankfurt – Berlín: 20€

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