Petra – 200 años del descubrimiento – Jordania

A 246 km de Ammán

La esperada ciudad Rosa de los Nabateos no defraudó. Ya había visto muchas imágenes, pero no tenía ni idea de lo grande que era (900km2 y más de 800 monumentos). Dos días para visitar una de las nuevas 7 maravillas del mundo no sería excesivo. Lo ideal es llegar lo más pronto posible (abre a las 7). Fue el único lugar de Jordania en que nos encontramos con una gran cantidad de occidentales.

La entrada cuesta 50 dinares/€, vale cada céntimo. Nada más entrar te ofrecen llevar a caballo 500m. Es gratis, lo hacen por la propina y para intentar convencerte de hacer una ruta de una hora a caballo. Los cogimos para los 500m pero para una hora Lah, queríamos hacerlo a pie, shukran.

El SIQ significa camino creado por la separación de una piedra. Mientras caminaba entre estas paredes tan altas, imaginaba los canales laterales que usaban los nabateos para transportar agua rebosando. Es que Petra fue valle fértil y rico en agua. Tuvo la edad de oro en el siglo II a.C. Allí llegaba lo mejor del occidente (Roma), lo más lujoso del oriente (China y la ruta de la Seda) y los más exóticos productos del Índico.

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Es probable que ya estuviera habitada en la Edad del Hierro y según la Biblia ahí vivieron los edomitas, hijos de Esaú. Hacia el sigo VI a.C llegaron los nabateos, un pueblo nómada que vivía del comercio y acabó por erigir un reino.

Mejores escultores que arquitectos, las obras talladas en la piedra como el conocido Tesoro tiene una fachada majestuosa pero nada dentro.

Es impresionante. Yo no dejaba de imaginar ¡como habían podido tallar todo eso?! Al lateral hay unas marcas que utilizaban para escalar. Se llama Tesoro por una leyenda según la cual un farón escondió un valioso tesoro en la urna que corona el edificio.

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El tesoro está lleno de turistas y beduinos ofreciendo “taxis”, camellos, burros, caballos… cada animal es responsable de un tramo. Los caballos del principio y a la vuelta por el SIQ. Los camellos de la parte arenosa hasta las escaleras y los burros de subir las infinitas escaleras. Para los que están cansados o no quieren agotarse demasiado subir en burro debe ser una buena alternativa. El dueño del burro acompaña a pie y hasta arriba. He visto como ellos se manejan subiendo y bajando en burros enanos con una agilidad y rapidez impresionantes.

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Seguimos a pie por el camino principal hasta llegar al tramo conocido como Vía de las fachadas, tumbas y más tumbas. Creían en la reencarnación y que cuando mejor estuviera la tumba, mejor vida tendrían. Escuchamos un guía de uno de los grupos de turistas decir que las tumbas eran mejor que sus casas (probablemente vivían en jaimas). Son tantas las tumbas de Petra – entre 5 mil y 7 mil – que se llegó a creer que se trataba de una enorme necrópolis.

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Decidimos subir por la derecha, donde había una ruina de una iglesia bizantina de arriba veíamos el teatro romano. Compramos 3 piedras por un dinar:

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Después llegó el momento escaleras. Un calor tan seco! O contaba los escalones o no sería capaz de terminarlas, perdí las cuentas en el camino, pero dicen que son de 800 a 1000 escalones.

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Y sin avisar, aparece en una curva, el monasterio (Al-Deir), todavía más grande que el Tesoro (Al-Khazneh) del siglo III a.C.

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Vi un oasis delante: un bar! Tomaría una cerveza helada ahora mismo! Pero este sueño se desvaneció cuando descubrí que todavía había más escaleras hacia los miradores del desierto de Wadi Araba. Allá vamos!

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Conocimos el beduino que vivía y vendía collares ahí. Hacía mucho viento y ya no hacía calor. Nos saludó pero sin cara de buenos amigos. Nos sentamos en su “terraza” y estuvimos ahí en silencio. Fue un momento mágico.

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Después cambió algunas palabras nos servió un té muy rico y contó entre otras cosas que estaba enfermo. Era muy joven, pero le temblaba las manos. Tenía parkinson. Le compré una pulsera y hice parte del camino de vuelta pensando en el temblor de sus manos, una enfermedad que no perdona a nadie, ni a los ricos, ni a los libres.

Habría que apurar el paso porque Petra cierra a las 19h y vuelve abrir los lunes y miércoles para Petra By Night. Estábamos de suerte.

Desde la entrada, pasando por todo el SIQ hasta el tesoro el camino está iluminado por velas. Se escucha las botas de los turistas y sus susurros.

Llegados al tesoro nos sientan en alfombras, nos sirven té y empieza la actuación. Un beduino canta mientras toca el instrumento más antiguo del mundo: rabad, de una sola cuerda y después la flauta. Fantástico.

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Dale una vuelta a tu destino:

Entrada: 50 dinares (€)

3 piedras: 1 dinar

Petra By Night: 12 dinares (€)

El hotel: Amra Palace – si solo vas a estar una noche, mejor un hotel simple, llegas agotado de caminar. Nos han tratado muy bien, la cama era muy cómoda y el desayuno muy completo. Para repetir.

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